Mely Nicolau colgará las botas tras la Euro

Se retira después de nueve años en la élite con un palmarés excelso · Quiere poner el broche en Suecia/

Mely Nicolau posa con una bicicleta en Kalmar / DAVID MENAYO (MARCA)

Melisa Nicolau (Mallorca, 1984) dejará el fútbol cuando acabe la Eurocopa. Lo hace en lo más alto, tras hacer doblete con el Barcelona y viviendo en primera persona lo que es jugar un campeonato internacional.

«Llevaba dos años pensando en dejarlo, pero hasta enero no tomé la decisión. Mi padre ha sido el que más ha insistido para que siga, pero pienso que ha llegado el momento. Siempre quise dejarlo con un buen sabor de boca y creo que no hay mejor escenario que este», comenta la mallorquina.

Siendo la mayor de cuatro hermanos, comenzó a jugar al fútbol en Andratx, su pueblo, donde sus amigos se la rifaban para que fuera con ellos en el mismo equipo. De ahí, dice, «fue todo rodado». Jugó en el S´Arraco -masculino-, el Paguera y el Playas Calvia antes de salir de la isla con para poder vivir del fútbol.

«Me fui de casa siendo una niña y el fútbol me ha ayudado a madurar. Gracias a él soy una persona más fuerte y me tomo las cosas con más tranquilidad», apunta.

Mely, como se la conoce en este mundillo, ha jugado al máximo nivel en las filas del Rayo Vallecano y el Barcelona, sumando en su palmarés cuatro Ligas y tres Copas de la Reina. «Los títulos son lo de menos. Yo me quedo con las personas. Es a mis compañeras a quienes más voy a echar de menos cuando sea consciente de que no voy a ir a entrenar o a jugar el fin de semana», cuenta.

Como buena zaguera aparenta ser fría, aunque, en el fondo, reconoce que tiene un lado sensible. Descarta derramar lágrima alguna cuando vea que su etapa como futbolista ha acabado, pero sí que se acordará de aquellas que la han acompañado en los buenos y los malos momentos: «Gracias a Dios dejo muchas amistades. Ruth García, Marta Unzúe, Ani Escribano, gente de Madrid… no podría acordarme de todos».

La 4 de España cree que no deja cuentas pendientes en el campo. «Me considero una privilegiada y voy a disfrutar hasta el último momento de ser futbolista», afirma.

Viendo su bagaje, no cabe duda de que si fuera chico tendría el futuro asegurado, pero en su caso lo único que tiene claro es que volverá a casa para sentirse arropada por los suyos. «Nunca me planteé jugar al fútbol para ganar dinero, así que veo lógico que ahora toque pensar en otras cosas. No se me van a caer los anillos por trabajar en cualquier otro oficio», finiquita.

marca.com

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