La salida del túnel a tres meses funestos

Si no hay novedad, hoy el club mahonés debería finiquitar un periodo oscuro a nivel deportivo, económico y social con Segarra en otra etapa de futuro complicado

Si el curso de los acontecimientos que está siguiendo el proceso electoral no varía, y todo indica que no, hoy a partir de las 20 horas Paco Segarra seguirá al frente de la presidencia del Sporting Mahonés, club que comanda desde el 2008. No habrá sido necesario que el socio de la entidad ejerza su derecho al voto porque no existirían alternativas, aunque el grupo opositor comandado por Miquel Sintes estudie sacarse de la chistera algún procedimiento que pudiera dilatar el proceso, tras una serie de movimientos de difícil comprensión.

El socio blanquiazul, de repasar lo que ha vivido la institución en los últimos meses y, por ende, en todo el ejercicio 2011/12, no podrá evitar una profunda desazón. Por dimes y diretes de unos y otros, por errores palplables y de resolución fatal, el club ha ido bajando a los infiernos en una serie de capítulos a cual más dantesco.

Por fijar un principio del fin, puede tomarse como referencia el último partido en la 2ª B. Un domingo, 23 de enero, hacia las 14 horas, el primer equipo finalizaba antes de tiempo su periplo por los campos de fútbol tras jugar ante el Sant Andreu en el Narcís Sala. El resultado ese día (6-0) era lo de menos. Lo triste era lo que se arrastraba: la retirada por impago de las deudas contraídas con jugadores y cuerpo técnico, debido a una mala planificación presupuestaria de Paco Segarra y al azote profundo de la crisis económica. Ese día, como en la mayoría de días, el presidente no estaba en el palco.

Durante todo este tiempo, la imagen que queda asociada al Sporting no es la de una institución que, recuperada su presencia en la categoría de bronce en el 2009 (tras 16 años), trabaja en un proyecto sólido y coherente, sino la de un caos en el que se iba de una promesa a otra, de anuncios de resolución a llamadas desesperadas, para desembocar en la primera renuncia (el técnico Lluís Elcacho), las preceptivas ruedas de prensa encendidas con sus respuestas, un conato de huelga de la plantilla, denuncias a la AFE y degoteos de salidas previsibles de jugadores con las urgencias en forma, por ejemplo, de impago de alquileres y algún drama humano de por medio. Y una deuda global que iba en aumento (reconocida por el club a día de hoy, 366.758€).

Deuda que, a su vez, desembocó en una asamblea extraordinaria a principios de noviembre en la que se aprobó -Osuna tuvo dudas y pidió el acta- una derrama de 100 euros dividida en dos meses para ayudar a pagar nóminas… que no tuvo éxito. La misma asamblea en la que Segarra consiguió un baño de masas y que se aplaudiera su proyecto de un “Menorca Club”, una entidad que superara al Sporting para una hipotética venta de la plaza de 2ª B… que por legislación federativa no se podía hacer.

Entre tanto, el otro cisma, el de la directiva, en un club con una masa social ínfima para acometer proyectos más allá del aburrimiento de la Tercera División, se traducía en desacuerdos palpables. La gestión personalista de Segarra y bastante alejada del día a día del club -en una queja constante de los directivos más directamente implicados en el fútbol base, por ejemplo- desembocó a su vez en dimisiones en masa que alimentan el resentimiento de un grupo opositor en el que, por activa y por pasiva, Miquel Sintes siempre ha movido hilos sin acabar de dar el paso de liderar una candidatura posterior, como eludiendo un cara a cara que, para más inri, en los dos últimos meses se ha dilucidado más en los medios de comunicación, con filtraciones y declaraciones de todo tipo, en un ejercicio carísimo de cara a la imagen exterior de este maltrecho club.

Curiosamente, una de las últimas dimisiones en la directiva fue la de José Pons. Dimitió, pero nunca dejó de ejercer de escudero de Paco Segarra en el día a día, hasta el punto de seguir, como Mati Borsot o Marta Pujades, por ejemplo, en el mismo equipo que engrosará la nueva junta directiva, junta en la que, por cierto, también aparece uno de los objetivos de la oposición: el hermano de Paco Segarra, Quim Segarra.

Otra de las suspicacias de la oposición es el papel de la empresa Individual Sport Consulting SL, mediante la cual Segarra vehicula la “Milan Junior Camp”, el campus en el que el Sporting “cede el anexo de Bintaufa y gana por la actividad del bar y en promoción de sus técnicos y de Menorca”, en respuesta del mismo Segarra.

En el pique entre unos y otros ha habido también apariciones y desapariciones estelares, con sus correspondientes ‘Asambleas Informativas’. Figuras como la de Fernando Osuna -respetuoso en sus formas pero expeditivo en sus argumentos-, Lino Pons o Juan Miguel Capó, siempre con Miquel Sintes detrás, han protagonizado momentos de clara confusión, con ‘candidaturas virtuales’ formadas en un momento de conversación de bar que se disolvían días después, o llamadas a “personalidades de prestigio a las que hay que convencer”, como Matthias Rotters.

Y en uno de los últimos capítulos, ciertas jugadas desde el bando de Segarra en cuanto a requisitos legales para admitir la moción de censura, visitas al notario de Osuna, citaciones del club en un día y hora y el mismo Osuna que no podía asistir…

Y para acabar de aliñar todo el conjunto, las últimas denuncias de la oposición ante la Junta Insular de la Federació Balear, unas denuncias que el mismo ente asegura que “no van a ningún sitio”.

Todo ello, en un club en el que lo único que queda claro es que, sea quien sea que lo lidere, va a tener que afrontar un serio problema económico, de saber si podrá competir en Tercera o en Regional -Segara parece muy seguro de que será en Tercera- y que incluso duda de si podrá hacerlo con su propio nombre -Segarra también insiste en que sí-.

Diario de Menorca

 

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