España merece más premio del que obtiene frente a Italia (1-1)

Once Inicial de España ante Italia

Alineaciones:

España: Casillas; Arbeloa, Piqué, Casillas, Alba; Busquets; Silva (Navas, 63’), Alonso, Xavi, Iniesta; Cesc (Torres, 73’).

Italia: Buffon; Maggio, Chiellini, Bonucci, Giacherini; Marchisio, Motta (Nocerino, 88’), De Rossi, Pirlo; Cassano (Giovinco, 63’) y Balotelli (Di Natale, 57’).

Goles: 0-1(61’).- Gran pase de Pirlo a Di Natale, que se cuela y bate a Casillas en su salida, 1-1.(64’)- Larga jugada Xavi-Iniesta-Silva-Cesc, que rubrica este en la salida de Buffon.

Árbitro: El colegiado húngaro Viktor Kassai

Tarjetas: Amonestó a Balotelli, tras haberle advertido antes por pegar dos puñetazos al césped al no poder aprovechar un rechace de Casillas, a Bonucci por derribar a Iniesta, Chiellini, por lo mismo, Torres y Maggio, otro cazador de Iniesta. No lo hizo con Cassano, que entró en falta a Casillas cuando el guardameta iba a sacar de puerta.

Estadio: Arena de Gdansk. Casi lleno, con mucho más españoles que italianos en las gradas. Asistieron al partido los Príncipes de Asturias, Don Felipe y Doña Letizia y el presidente del Gobierno Mariano Rajoy. Algo menos de 20º de temperatura. Hierba excesivamente alta.

Comentario:

La selección reaccionó inmediatamente al gol de Di Natale y fue claramente superior a Italia en el segundo período. El gol de Cesc no hizo méritos al dominio del campeón que gozó de claras ocasiones para imponerse.

La historia de los enfrentamientos entre España e Italia es tan vieja como apasionante. Algunas de las grandes gestas de nuestro fútbol fueron escritas ante la “squadra azzurra”. Unas salieron bien como en cuartos de final de la Eurocopa 2008, aunque hubiera que recurrir a los penaltis; otras salieron mal como en los dos partidos del Mundial de 1934 y, después, en el Mundial de EE UU. En ninguna de ellas hubo, sin embargo, resquicio para la comodidad, para el descuido o el relajamiento so pena de pagarlo muy caro. Siempre fueron duelos a cara de perro, marcados, tradicionalmente, por el fútbol ofensivo hasta que la “squadra azzurra” descubrió el “catenaccio”. A partir de entonces, unos la atacaban y ella se defendía. Siempre la misma historia. Ayer volvió a pasar en tono menor, eso sí, en un duelo que se saldó con unas tablas (1-1) inmerecidas. La alegría de Buffon, celebrándolas al acabar el choque, era la mejor prueba de ello.

El paso del tiempo no ha cambiado las esencias del fútbol italiano, aunque Prandelli quiere un equipo con algo más de punch, no una línea Maginot pendiente de algún incidente favorable en ataque. Tienen un estilo muy definido en el que el factor existencial de su juego no es otro que asegurarse un marco bien protegido. A la que el tiempo ha cambiado sensiblemente, no obstante, es a España, que anda lejos de aquella del fútbol vertiginoso y profundo. España optó en 2008 por adecuarse al tipo de jugadores de que dispone e imponer el toque como ley fundamental. Tener, retener y tocar. Tener, retener y gastar al contrario. Tener, retener y tocar hasta llegar. Ha dado unos resultados imponentes.

El campeón del mundo y de Europa ha acentuado esta tarde en Gdansk dicha proyección con la presencia de Cesc Fábregas como jugador más avanzado, después de interminables conjeturas sobre quién sería el ariete del equipo: ¿Negredo, Torres…Llorente? España ha reforzado así su capacidad de construcción. Cesc ha actuado como atacante desde atrás, para recibir, buscar y pasar, en lugar de jugar con un punta auténtico al que cabía suponer pocos espacios entre la zaga italiana. Su presencia como referente no ha sido tal, porque ha aliviado a sus compañeros, convirtiendo, de hecho, al habilísimo Iniesta en el más agudo de sus atacantes.

Al más que medido fútbol ofensivo de ambas selecciones se ha sumado un suceso que lo ha entorpecido: el alto estado del césped sobre el que el balón ha corrido con dificultad. El daño que ha causado ha sido mayor para España, que acostumbra a deslizarlo con tanta precisión que una brizna de hierba mal cortada o un centímetro más de altura le causa un serio perjuicio. Italia ha encontrado en ello un aliado inesperado que le ha permitido ciertas alegrías para lo que acostumbra: un lanzamiento de falta que ha lanzado Pirlo y que ha sacado Iker como acostumbra y un remate cruzado de Cassano poco después, que se ha ido a tres palmos del poste. España ha llegado con menos intensidad, pero cuando lo ha hecho, aprovechando la dupla Iniesta-Silva, se ha olido a más peligro que el producido por Italia, aunque no haya cuajado. Cuando Andrés ha entrado en juego, eso sí, a Italia le ha entrado una tiritona incontrolable.

El primer tiempo ha tenido dos períodos bien diferenciados, el de la inicial superioridad de Italia, que ha tenido el balón más tiempo del que podía esperar y que se ha acercado a Casillas con más peligro del que probablemente había soñado, además de las ocasiones dichas un tiro de Cassano y un empalme de Marchisio, y la segunda parte de este en el que se ha impuesto el sentido colectivo de España al que le ha faltado un punto de rapidez final y de remate. El campeón muy fuerte hasta los tres cuartos de campo ha apurado en la búsqueda del hueco definitivo que permite el remate mortal, pero no lo ha encontrado. A pesar de ello, los arranques de Iniesta siempre han levantado esos murmullos de admiración que causan los jugadores diferentes a los demás. Una combinación con Xavi estuvo cerca de que el manchego la aprovechara para abrir el marcador a cuatro minutos del descanso, pero en la contra inevitable al ataque de España, Motta cabeceó un centro desde la derecha y Casillas tuvo que intervenir milagrosamente. Como es habitual en él.

En solo dos minutos del segundo tiempo, entre el 5 y el 7, España ha mostrado su mejor cara ofensiva. En los dos casos, el ataque ha llegado por la izquierda cuando ya Torres calentaba en la banda. El primero de los disparos, de Cesc, lo ha sacado con apuros el “vecchio”, pero grande, Buffon; el segundo, de Iniesta, se ha ido lamiendo el poste izquierdo de Gianluigi como una bala. A los ocho se ha producido una de esas jugadas que marcan a un futbolista si no estuviese señalado: Ramos ha perdido un balón junto a la banda, que ha quedado a pies del peculiar Balotelli. El italiano, de nombre Mario, ha arrancado, perseguido por Sergio, tratando de remediar su error. Tanto ha corrido el sevillano y tan poco Mario que el defensa español ha llegado a tiempo de evitar su remate cuando estaba frente a Casillas. Son las cosas de Balotelli, en efecto. Dos minutos más tarde ha sido sustituido por Di Natale.

El fútbol es tan impredecible que es capaz de cambiar en un segundo. Es parte de lo que lo hace tan grande. Dos minutos después de aparecer en el campo, y sin haber tocado un balón, Di Natale ha aprovechado un envío excelente de Pirlo para plantarse ante Casillas y batirle por bajo. El gol no ha desquiciado al campeón, que inmediatamente ha trenzado una de sus frecuentes jugadas de ataque, la mejor del partido, para volver a poner las cosas en su sitio. La ha iniciado Xavi, ha seguido Iniesta, la ha prolongado Silva y Cesc ha fulminado el empate. Cuatro soberbios mediocampistas para demostrar la autoridad incontestable del campeón. Inmediatamente, Prandelli ha mandado a la ducha a Cassano. Italia se quedaba sin sus atacantes titulares. Del Bosque añadía a uno en banda, Jesús Navas. Y poco más tarde a Fernando Torres. ¿Quién dijo miedo?

Ha sido Torres el que ha podido resolver en una acción casi calcada a la que le convirtió en histórico, tras marcarle a Alemania el gol que nos dio el segundo título europeo. Nada más saltar al campo, Navas le ha metido un balón profundo que le ha plantado ante Buffon. Fernando ha querido salvarle, pero el guardameta ha reaccionado. La experiencia del guardameta italiano ha vuelto a salvarle cuando ha salido a la desesperada, de nuevo, frente al “Niño” para impedir que Fernando sacara tajada de un gran pase de Xavi. La vaselina de Torres se ha ido muy alta.

Italia ha salido viva de esos dos momentos dramáticos, tras una segunda mitad en la que España ha sido claramente superior, ofreciendo lo que tiene, que es mucho. Y aunque Marchisio ha sobresaltado a Casillas a poco del final, el empate puede darse por parco fruto para un duelo emotivo, que ha España se le ha puesto cuesta arriba, pero del que se ha recobrado con diligencia y solvencia. Con la seguridad de quien sabe que es campeón y lucha por renovarlo con juego, gallardía y entereza.

RFEF

Fotos Carmelo Rubio

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