La efectividad madridista ante la fantasía azulgrana

Dani alves con Gago.
Dani alves con Gago.

El estadio Santiago Bernabéu acoge el partido de mayor rivalidad de la Liga, en el que se enfrentan dos estilos de entender el fútbol, un Real Madrid que representa la figura de un boxeador tosco, que de un golpe es capaz de tumbar al rival, ante la fantasía, la sinfonía armónica del Barcelona.

EFE Un clásico que en la actualidad expone dos conceptos distantes de juego con un mismo fin: los buenos resultados. Un equipo dirigido por Juande Ramos basado en el orden y el equilibrio, ante otro entrenado por Pep Guardiola, bandera del toque y el juego ofensivo.

Llegó Juande a un Real Madrid en caída libre, para devolver la autoestima a un grupo de futbolistas desde la defensa. Su primera tarea fue reconstruir a su equipo desde la zaga, dejar la portería a cero como objetivo principal confiando siempre en las individualidades ofensivas para decidir los encuentros.

La bandera que ondea el Barcelona de Guardiola es la del espectáculo. Jugadores como Xavi Hernández y Andrés Iniesta marcan un estilo de juego, al que ha sabido acoplar el individualismo de Leo Messi y la pegada de Thierry Henry y Samuel Eto’o. Estrellas a las que el técnico barcelonista ha hecho ver que sin la máxima entrega no hay premio.

El Real Madrid se desarrolla desde un 4-4-2 clásico, que en ocasiones aisladas Juande ha transformado en un 4-2-3-1 en función de sus extremos. Su fútbol nace desde un doble pivote destructivo -‘Lass’ Diarra y Fernando Gago- y se sostiene por la inspiración en acciones individuales del desequilibrante y egoísta Arjen Robben, el salvador Gonzalo Higuaín o los remates de dos cazadores de área: Raúl González y Klaas Jan Huntelaar.

El Barcelona mantiene la misma estructura de la pasada temporada, un 4-3-3, con una presión asfixiante sobre el rival, la figura de un solo centrocampista de destrucción, con dos jugadores por delante con libertad de movimientos, Xavi e Iniesta, que desatan un fútbol preciosista de paredes interminables.

En la pizarra del partido de la primera vuelta, las lesiones obligaron a Juande Ramos a apostar por un planteamiento que descarta para la vuelta. Encerró a su equipo en su terreno, entregó el balón al eterno rival y apostó por la velocidad en el contraataque para intentar rascar, sin éxito, un punto del Camp Nou.

En el estadio Santiago Bernabéu el Barcelona mantendrá intacto su estilo y el Real Madrid apostará por jugar con sus mismas armas.

Juande Ramos ha elegido al argentino Gabriel Heinze, fresco al estar recién recuperado de una leve lesión, como el hombre ‘anti-Messi’.

Y para quitar el balón al conjunto azulgrana abrirá el campo con dos extremos como Marcelo y Robben. La orden es clara. La línea de presión debe estar adelantada para intentar dificultar la conexión de jugadores claves en la construcción de juego del Barcelona.

El madridismo apela a un factor que aspira a repartir protagonismo con la lucha táctica de Juande Ramos y Pep Guardiola: el Bernabéu. El clima de las noches mágicas. El miedo escénico. A ello apelará un equipo obligado a ganar si no quiere despedirse del título de Liga y cerrar en blanco un año en el que su gran enemigo puede conquistar los tres títulos. La efectividad madridista será el examen definitivo para la fantasía azulgrana.

DIARIO DE IBIZA

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